Tranqui, colega, los videojuegos son los culpables

Ar 15

Ese fusil de asalto que veis en la imagen es el AR-15 Bushmaster, el cual fue empleado por el autor de la matanza de la escuela Sandy Hook en Newtown, Connecticut, en la que murieron veintisiete personas, entre ellos veinte niños. Además del AR-15, el presunto individuo autor de semejante barbarie usó una Glock 20 de 10 mm y una Sig Sauer de 9 mm, junto con abundante munición para todas esas armas. También encontraron en el vehículo una escopeta de las que emplea la policía, aunque al parecer, no fue empleada en la masacre. Con veinte años un taladrado en EEUU pudo acceder a ese arsenal y realizar una matanza que pone los pelos de punta a cualquiera que tenga sentimientos, además de pelo. Armas que se consiguieron de manera legal.

 

Al poco de conocerse esa noticia, muchas voces apuntaron como culpable a la legislación sobre armas que hay en EEUU, la cual es demasiado permisiva en algunos estados, como cualquiera puede comprobar a poco que se informe. Esto abre, por enésima vez, el debate sobre el uso de armas en la población civil como método de defensa personal. Todo el mundo tendrá sus opiniones, o las opiniones de los tertulianos de turno y las defenderá con vehemencia allí donde haga falta. Frente a este debate, hay que aportar algunos datos en vez de tantas opiniones. Por ejemplo, EEUU es el país con mayor número de armas por habitante. Casi el doble que Suiza, cuarto en la clasificación, y un 40% más que Serbia, el segundo país clasificado. Otro dato a tener en cuenta es el número de muertes por armas de fuego, con EEUU en la décima posición y un índice de más del doble con respecto a Suiza y, por ejemplo, más de diez veces superior a España, donde el uso de armas de guerra está prohibido entre la población civil y el resto de armas muy limitado. Suiza tiene casi cuatro veces más muertes por arma de fuego que España, por cierto, y se les considera una sociedad muy civilizada.

Con estos datos se puede pensar que hay cierta relación entre el número de armas de fuego y las muertes provocadas por éstas. Sin embargo, no parece que sea determinante o, al menos, que sea el único factor a tener en cuenta. Todos los medios mundiales se han hecho eco en multitud de ocasiones de que en EEUU es muy fácil conseguir un arma, pero apenas se dice nada acerca del motivo que lleva a una persona a realizar una masacre como la de la escuela de Sandy Hook, o simplemente a matar a otra persona sin haber detrás una matanza. Tal vez habría que analizar otros datos que podrían ser relevantes, como por ejemplo la lista de países con mayor igualdad social. El país con mayor igualdad es Azerbaiyán, seguido de Noruega, ambos en la parte baja de la lista de muertes por arma de fuego. EEUU está en la posición 119, con una notable desigualdad social. Después de ver estos datos, no sería descabellado pensar que la desigualdad social es un factor relevante en las muertes por armas de fuego, con todos los matices que se quieran añadir a este respecto.

Aquí empezamos a centrarnos en el verdadero problema, es decir, cual es el “interruptor” que hace que una presunta persona decida mandarlo todo a la mierda y realizar una masacre. EEUU tiene una larga trayectoria en matanzas de este tipo, pero no es el único. Partiendo de la base de que la persona que realiza un acto de estas características no está en su sano juicio, por decirlo de una manera simple, podríamos decir que en EEUU hay más tarados que en ningún otro sitio, o, lo más probable, es que tengan un número similar al de otros países, pero los tratamientos para solucionar estas enfermedades no son adecuados o no son accesibles para todo el mundo, con lo cual volvemos a la desigualdad social como un factor a tener muy en cuenta. Con todos estos datos, podemos tener una ligera idea de lo que puede estar pasando. Un país con fácil acceso a las armas, con una gran desigualdad social, con un elevado número de enfermos mentales y un tratamiento inadecuado o que no llega a todo el mundo, es proclive a que padezca sucesos como el que nos ocupa.

A esto habría que añadir la importancia que tienen los medios de comunicación, con reportajes durante días que no hacen más que hablar de la matanza en cuestión, magnificando el suceso una y otra vez con la más que probable intención de aumentar la audiencia, pero también con el objetivo de colaborar en la llamada política del miedo, aquella que busca el tener a la población asustada para que sea más receptiva a las “órdenes” de las élites dominantes. Por no hablar de las innumerables películas que se hacen sobre cada matanza. Está claro que el ser humano aprende por imitación y si a un taladrado se le activa el interruptor y decide acabar con todo lo que se le ponga por delante, no va a ser original y llevará a cabo algún tipo de aberración que haya visto antes en algún lugar. Como podéis ver, el tema es más complejo de lo que pueda parecer en un principio, y lo único que pretendo en este artículo es mostrar que para que un arma dispare tiene que haber alguien que apriete el gatillo, y el problema principal está en saber por qué se aprieta ese gatillo y por qué se aprieta de esa manera. Por supuesto, habría que analizar también el tipo de sociedad que tienen.

Sin embargo, muchos medios y políticos empiezan a buscar un nuevo culpable que no es ninguno de los que acabamos de ver: los videojuegos violentos. Da igual que numerosos estudios científicos serios no hayan podido demostrar que los videojuegos tengan relación alguna con cualquier suceso violento, como el realizado en España por el psiquiatra Juan Alberto Estallo Martí, el único serio que se ha realizado en este país. Tampoco importa que numerosos estudios aporten resultados favorables en favor de los videojuegos, o que personajes nada sospechosos de decir las cosas sin pensar también hablen en su favor. Nada de eso importa con tal de desviar la atención de los verdaderos culpables de las acciones violentas. No se tiene en cuenta que hay videojuegos en todo el mundo y sólo en unos pocos países ocurren matanzas como la de la escuela elemental de Sandy Hook, o que Japón sea uno de los países que más videojuegos consumen y sus índices de muerte por arma de fuego sean de los más bajos. Se trata de desviar la atención no vaya a ser que no interese encontrar al verdadero culpable.

Recuerdo cuando asesinaron a John Lennon. En 1981 los videojuegos no eran el fenómeno de masas de hoy en día, aunque ya había unos cuantos. El asesino estaba leyendo la obra maestra de J.D. Salinger, “El guardián entre el centeno”, y además recomendaba su lectura para entender el suceso. Se llegó a decir que el libro era el culpable, demonizándolo hasta unos niveles que cualquier persona con dos dedos de frente lo considera ridículo. Cuando al cabo de un tiempo leí el libro, el cual recomiendo encarecidamente, mi madre llegó a alarmarse pensando que se me iba a ocurrir matar a Manolo Escobar o algo por el estilo. Realmente se me podría haber ocurrido matarlo sin necesidad del libro, aunque, no se si afortunadamente, no llegó a ocurrir. Ni siquiera se me ocurrió poner una bomba en un concierto de Locomía, a pesar de que había motivos de sobra para ello justificados en el bien común. Naturalmente que el libro no fue el causante de ese lamentable asesinato, como tampoco los videojuegos han tenido que ver en ninguna de las matanzas que siempre los pone como una de las causas posibles. No lo son, no hay ninguna prueba palpable que pueda demostrarlo. Es una cuestión de ciencia, no de fe.

También recuerdo el documental de Michael Moore “Bowling for Columbine”. Partía de la idea de que los autores de la masacre habían ido a jugar a los bolos antes de perpetrarla. Se llegó a decir que Doom había sido el causante, o los juegos violentos en general. Hasta echaron la culpa a Marilyn Manson por las letras de sus canciones, o por su estética. Pero nadie echó la culpa a los bolos. Si alguien hubiera dicho que los bolos tenían algo que ver lo habrían echado a los cocodrilos por memo. Normal, ya que los bolos son un entretenimiento muy popular en EEUU y todo el mundo sabe que no incitan a nada más que a beber cerveza, como mucho. Pero los videojuegos son todavía un medio desconocido para mucha gente, y más desconocidos aún son los estudios que se han llevado a cabo para acabar con el mito de que pueden generar asesinos, con lo cual se llevaron gran parte de la culpa. Eso y unos medios sensacionalistas intentando desviar la atención de los verdaderos problemas, probablemente relacionados con lo que comentaba antes. Es probable que la industria armamentística también azuzara a esos medios, aunque esto no es más que mi opinión personal.

Con todo esto, sólo puedo decir que, afortunadamente, cada vez hay menos gente que se crea que los videojuegos pueden influir en una persona normal para convertirla en violenta. Frente a todas las idioteces que apuntan en ese sentido hay que aportar datos, conocimiento e información. Todo lo demás son opiniones sin fundamento fruto del desconocimiento. Si los videojuegos pudieran influir en el comportamiento violento de las personas, más nos valdría no salir a la calle, puesto que es improbable que coincidamos con alguien que no haya jugado en alguna ocasión a alguno. Es más, hay muchísimas posibilidades de que nos encontremos con un menor que haya disfrutado matando como un poseso en algún videojuego, lo que implicaría que el número de matanzas o asesinatos por causa de los videojuegos sería mayor que el de políticos corruptos, y esa sería una cifra muy alta, creedme. Espero que a ninguno de esos políticos se le ocurra hacer alguna ley inteligente que limite la libertad de expresión en un medio con tantas posibilidades como este, aunque la experiencia me ha demostrado que nunca se debe subestimar la capacidad de un político para hacer el canelo.

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