Login
Registrar
Artículos

Hace un par de semanas conocíamos la lista de galardonados en los Golden Joystick Awards de 2013. Entre los premiados destacó la figura de Ken Levine como ganador del "Lifetime Achievement". Lo que en principio parece un acto de justo reconocimiento a una de las mentes más imaginativas y talentosas de nuestra industria, tiene también una segunda lectura que resulta mucho menos alentadora.

Levine tiene hoy 47 años y acaba de recibir un premio a los "logros de toda una vida". Debo decir que la noticia me hace temer por el estado de salud de nuestro admirado amigo Ken. Sin embargo también me inclino a pensar que esta industria pudiera considerar los 50 años como esa frontera que marca el final de la "vida útil" de todo juegófilo. Algo así como una sugerencia para que empleemos nuestro tiempo en otra cosa después de haber alcanzado esa edad.

A continuación haré la siempre recurrente (pero no por ello menos oportuna) analogía con el mundo del cine. Voy a enumerar una serie de famosas personalidades del séptimo arte que han sido agraciadas en fechas más o menos recientes con el "Academy Honorary Award", un premio que de algún modo podríamos considerar equiparable al recibido por Levine. Adjunto también la edad de los premiados en el momento de recibir el citado galardón. Tendríamos nombres como Lauren Bacall (85), Ennio Morricone (78), Blake Edwards (81), Jean-Luc Godard (79), Robert Allman (80), Robert Redford (65), Sydney Lumet (79)...y así podríamos continuar con una larga lista compuesta en su mayor parte por octogenarios.

 

A sus esplendorosos 58 años el bueno de Warren Spector ya está obligado a aguantar que muchos le llamen, de forma cariñosa, sí, pero también condescendiente "el abuelo cebolleta". Cuidado con esas cosas porque, si Deus quiere, todos acabaremos haciéndonos mayores tarde o temprano.

El hecho de que los videojuegos sean un medio todavía joven no es motivo para que los profesionales y su público deban renovarse continuamente y preservar así un eterno enfoque adolescente, o a lo sumo, veinteañero. Pregunten ustedes a los chavales de 15 o 20 años si creen que seguirán jugando cuando lleguen a los 60. Casi todos contestarán que sí, y lo más interesante de esa respuesta es que a lo largo del trayecto que les lleve a la madurez esos jugadores, en buena lógica, irán demandando progresivamente un tipo de experiencias mucho más profundas y adultas. Sin embargo, para que esas demandas se vean satisfechas más nos valdría no prejubilar con honores a los grandes nombres de esta industria. Y mientras tanto ojalá nuestro medio termine de desprenderse por fin de su tristemente asumido complejo de inmadurez.

Robin G