Historias

 

Grupo 97

Adentrarse en La Zona no es una tarea fácil. La radiación allí presente no invita a realizar paseos turísticos, y menos aún si lo que nos vamos a encontrar es un lugar inhóspito lleno de muerte y destrucción. A cada paso que avanzo, la sensación de angustia se hace más presente, provocando a partes iguales terror y fascinación por un mundo que no perdona el más mínimo fallo. Seres peligrosamente desesperados pululan por ese mundo, una desesperación que parece una pequeña anécdota si la comparamos con el sufrimiento que irradian sus ojos. Seres infernales que han padecido, y padecen, un auténtico infierno interior. Pero no es lástima ni compasión lo que buscan.

 

La lluvia es densa, pero en vez de refrescar, abrasa y se pega a la piel como si no quisiera dejarte marchar en una especie de venganza de la naturaleza hacia el ser humano... suponiendo que todavía nos quede algo de humanidad. El viento mece esos árboles extraños, medio vivos o medio muertos, imposible saberlo, provocando latigazos en forma de escalofríos que recorren todos y cada uno de los nervios de tu cuerpo. Al fondo, cruje la tormenta y bajo la luz de los relámpagos el paisaje se queda grabado en el cerebro como si fuera una diapositiva. Otro tipo de trueno viaja a través del aire; el sonido de los disparos de los presuntos seres humanos que, como tú, se adentran en la zona. No hay duda, somos humanos, sólo los seres humanos pueden comportarse de esa forma.

La muerte no es una opción en La Zona, es una aliada, una liberación, y con ese pensamiento intento buscar un refugio para pasar la noche. La linterna apenas puede arañar la mezcla de oscuridad y lluvia que me rodea, pero a lo lejos diviso una luz que parece salir de algún tipo de construcción que a duras penas logro distinguir. Como un barco que sigue un faro en medio de una tormenta, me dirijo hacia esa luz que por el tintineo parece proceder de una hoguera. Sin duda hay alguien, y eso puede suponer un enfrentamiento. Empuño con fuerza la Makarov y la meto en el bolsillo de mi sudadera. Es peligroso acercarse en la noche a un campamento, pero más peligroso es quedarse a dormir aquí fuera.

Al acercarme, logro distinguir a tres personas que se calientan alrededor de la lumbre. Uno de ellos toca una canción triste en una guitarra española, pero eso no cambia la gélida expresión de sus miradas. Son stalkers, como yo, personas que se arriesgan a adentrarse en La Zona para conseguir artefactos que luego venden en donde puedan. Sin soltar el arma, camino despacio hacia ellos. La guitarra deja de sonar.

- ¡Largo de aquí, stalker!

 

- Tengo Vodka

No hizo falta decir más. Me uní al grupo y juntos bebimos y hablamos de La Zona, de los viejos tiempos, del ejército, de mujeres... no se ven muchas mujeres en La Zona. Estábamos bajo cubierto, en un cobertizo con las paredes desconchadas llenas de agujeros, el suelo de madera casi podrida crepitaba con nuestros movimientos. En otra habitación, una escalera que subía a un fallado semi derruido y otra que bajaba a un sótano oscuro a través de una entrada que parecía la boca de un gigante. Me acurruqué en una esquina seca dispuesto a pasar la noche. La Makarov seguía amarrada con fuerza en mi mano.

Dormí hasta que la luz del amanecer hizo acto de presencia. Estaba solo con mi resaca, mis compañeros nocturnos se habían marchado dejando cenizas como único rastro. Habría disfrutado del juego de luces del alba si no fuera porque el dolor de cabeza me estaba matando. Siempre dolía la cabeza al amanecer en La Zona y tal vez era mejor así, el dolor de cabeza no daba mucho margen para pensar. Pensar demasiado en un lugar como este era el camino más rápido hacia la locura. Un desayuno rápido gracias al kit de supervivencia del ejército y listo para seguir mi camino.

Mis compañeros me habían comentado esa noche que al norte del Valle Oscuro había una antigua fábrica, la cual podía albergar en su interior artefactos de gran valor. Allí me dirigía, sin saber muy bien lo que me aguardaba. Marqué la ruta en el Glonass y me dirigí allí a toda prisa, esperando llegar antes de que anocheciera. Primero me dirigí al este, pasando cerca de un vertedero de basura que disparó el contador Géiger, lo que me obligó a beber un buen trago de Vodka para quitar de mi boca el insoportable sabor a uranio. La atmósfera se hacía cada vez más densa e irrespirable, y los extraños juegos de luces que producía el sol al atravesar las nubes al mezclarse con esa atmósfera, daban un aspecto fantasmagórico que resultaba aterrador. Empecé a pensar en que se trataba de un viaje sólo de ida.

Los desgarradores rugidos y aullidos de la fauna de La Zona me acompañaron en todo momento, como si me advirtieran de un peligro mayor que el de los propios animales infernales. Con la Makarov siempre a punto, continué mi camino con paso firme procurando pasar lo más desapercibido posible. Ahora paso por detrás de esas rocas, ahora por detrás de esos árboles... cualquier precaución es poca y pasar sin ser visto es la mejor forma de sobrevivir. Seguí avanzando hasta que apareció delante de mí un pseudo perro con su mirada fija en mí. Tenía el tamaño de un lobo siberiano, pero su pelaje era oscuro y sus ojos brillaban con intensidad a pesar de la luz del día. Apunté a la cabeza con la pistola mientras el corazón latía como una máquina de vapor a punto de explotar, puse el dedo en el gatillo y lentamente empecé a apretarlo. El pseudo perro no se movió ni un milímetro y enseñó sus dientes mientras rugía de manera imponente.

Fue entonces cuando me percaté de que no estaba solo. El animal debía de ser el jefe de la manada y había captado mi atención mientras otros pseudo perros me rodeaban para abalanzarse sobre mí. Era su comida y no me iban a dejar escapar.

- No, amigos, hoy no toca.

Disparé al jefe, fallé, y el ruido del disparo hizo que todos retrocedieran momentáneamente. Me lancé al suelo y disparé a otro que estaba a mi derecha, pero esta vez conseguí acertar en una pata y el animal se fue cojeando. Cuando me disponía a realizar otro disparo, el resto de pseudo perros persiguieron a su compañero herido y sin dar apenas tiempo a que lanzara un aullido desgarrador, le dieron caza y lo destrozaron en cuestión de segundos. Entonces empezaron a pelearse entre ellos por la comida, y así los dejé porque no tenia ninguna intención de quedarme a ver quien ganaba. Corrí para alejarme y esconderme en una caseta que parecía en bastante buen estado. Menos mal que todavía me quedaba Vodka.

El Valle Oscuro es un lugar que hace honor a su nombre. No importa la hora del día ni la estación, siempre está oscuro y tenebroso, con un poso de tristeza que lo abraza todo. Llegando al complejo, numerosos edificios ruinosos compartían el paisaje con vehículos, grúas y todo tipo de maquinaria agrícola que iban siendo carcomidas por el óxido. El Valle Oscuro es el peligro dentro del peligro. Para no ser detectado he tenido que llegar a arrastrarme para no servir de alimento de los perros ciegos, jabalíes y cachocarnes, aunque algunos veteranos dicen haber visto chupasangres, bastante más aterradores que los anteriores.

Con dificultad logré llegar hasta el cuartel de los libertadores. Son un grupo armado que luchan por el acceso libre a La Zona y a sus recursos, y lo hacen con eficacia. En general toleran a los stalkers, incluso llegan a protegerlos en ocasiones, así que aproveché para aprovisionarme y comerciar con uno de ellos que me ofrecía un AKM74 a buen precio, incluyendo varios cargadores de munición. Acordé con Anatoli, que así se llamaba, el precio por algún artefacto que pueda encontrar en la antigua fábrica, de esta manera me aseguraba Grivnas sin tener que viajar demasiado al sur. Lo malo es que si tenía alguna duda en acceder al sótano del complejo, ya no podía echarme atrás. Al menos Anatoli se ofreció a escoltarme hasta la entrada.

 

- Te acompañaré hasta el centro de investigación, me interesa que llegues de una pieza y ya has visto lo que te puedes encontrar ahí fuera.

 

- ¿Tenéis algún plano del complejo?.

 

- No, nunca os adentramos ahí, no los necesitamos. Nuestra lucha está en la superficie, bajar a las profundidades es demasiado arriesgado.

 

- ¿Qué me puedo encontrar allí abajo?

 

- ¿De veras quieres saberlo?.

Tras una pausa, serví dos botes de Vodka.

 

- Bebamos

 

- ¡Bebamos!

El complejo fue un antiguo centro de investigación agrícola, formado por una granja experimental y una fábrica a los que se sumó un centro de investigación científica en el año 81. Con el accidente de la central en 1986, todo se paró y el recinto quedó abandonado. Se rumorea que un tiempo después establecieron en el sótano un laboratorio de investigación, en el cual hacían pruebas sobre los efectos de la radiación en las células. Al parecer, ese laboratorio estuvo en funcionamiento varios años hasta que se cerró por algún experimento que se salió de madre.

Anatoli me guió hasta la entrada al complejo, el cual estaba formado por edificios en forma de prisma con paredes de hormigón, sin apenas ventanas. La nave más grande tendría unos 20 metros de altura por cincuenta de largo, con una cubierta apoyada sobre una estructura metálica oxidada. Se podía acceder al interior a través de un portalón semi derruido, o si lo prefería también podía subir a la cubierta mediante unas escaleras que parecían tan sólidas como si estuvieran hechas de palillos. Era el fin de la compañía de Anatoli. Nos despedimos con otro trago de Vodka, dando por hecho que volver a vernos sería todo un milagro.

Atravesé la entrada y el interior estaba muy oscuro. Maquinaria oxidada se acumulaba desordenada como si hubiera pasado una manada de elefantes radiactivos, sobre todo en una especie de piscina interior a la cual se podía descender por una escalerilla metálica. El contador Géiger estaba algo alterado, sin que ello me supusiera demasiada intranquilidad. Parecía haber calma, la calma que precede a la última batalla. Al fondo de la sala principal había una puerta con unas escaleras de bajada, y allí me fui. A medida que me iba acercando se oían unos extraños murmullos, muy similares a los que produce el viento al pasar por lugares estrechos.

Tomé el AKM con las dos manos y me dirigí despacio hacia las escaleras listo para disparar a cualquier cosa que se moviera allí abajo. Bajé un piso y pasé por una puerta que daba a un pasillo oscuro. Encendí mi linterna. El interior estaba sumamente deteriorado, con las paredes llenas de manchas, desconchados en la pared, suciedad, podredumbre y agujeros. El suelo estaba húmedo y lleno de tierra y por un conducto de refrigeración, salía algún tipo de gas sin identificar. Me puse la máscara y continué avanzando. A pesar de la máscara, el hedor casi se podía masticar.

Al final del pasillo me metí por una puerta a la derecha para llegar a una sala bastante grande con otro pasillo que se perdía en la oscuridad. En una esquina de la sala había un artefacto y me dirigí a él bajando un poco la guardia. Un error que no debí haber cometido. Sin saber muy bien qué pasó, sentí un golpe en el brazo y otro en la pierna que me hicieron caer al suelo y estremecerme de dolor. Casi pierdo el AKM. Lo agarré con más fuerza y apunte casi a ciegas a mi alrededor. Algo húmedo me caía por el brazo, seguramente sangre, pero no podía preocuparme por eso ahora. De repente, pude intuir una sombra que rápidamente se dirigía a mí y sin pensármelo ni medio segundo, disparé hacia donde venía esa figura hasta que vacié el cargador. Clic. Clic Clic.

Sonó un chillido infrahumano y la figura calló sombre mis piernas con grandes espasmos. Era un snork, una mutación con una especie de máscara con un tubo a través del cual te chupaba la sangre. Ese ya no iba a chupar nada más. Ahora era el momento de curar mis heridas y fue cuando descubrí que tenía una herida muy profunda en el hombro y otra en la pierna. El dolor me hizo estremecer y sólo tenía unas vendas para curarme. Me hice, como pude, una cura de emergencia para cortar las hemorragias y me apoyé contra la pared exhausto. Era el momento de dar un buen trago.

Historias similares a esta que me acabo de inventar son las que nos podíamos encontrar en S.T.A.L.K.E.R, en cualquiera de los tres. Empezando por Shadows of Chernóbil, esta saga supuso una bocanada de aire fresco a la acción en primera persona, con una gran historia y una atmósfera fuera de serie, tal vez la mejor ambientación que se haya visto en un juego de acción en primera persona. Si unimos eso a un escenario enorme con grandes dosis de libertad, una IA (Radiant IA) que parece que tenga vida y una balística propia de un juego de acción táctica, tendremos como resultado una de las mejores sagas de acción de todos los tiempos. Una saga sin concesiones al jugador, sin simplificaciones forzadas y sin botones de “Win Now”.

Encontrarse con perros ciegos atacando a una facción de bandidos y éstos repeliendo a tiros el ataque, ajenos totalmente a la presencia del jugador, es impresionante. Si uno de los bandidos caía, varios perros se abalanzaban sobre él y se lo llevaban a rastras para empezar a comérselo en otra zona. Otras veces patrullas de soldados se encontraban con cadáveres y se ponían a registrarlos para quedarse con sus pertenencias, llegando a cambiar de armas en el caso de que las encontradas fueran mejores. Y esto no ocurría porque habíamos llegado a esa zona, este tipo de sucesos eran fruto de una IA alucinante.

Se trata de una saga exigente con el jugador, pero al mismo tiempo llena de recompensas para el que quiera adentrarse en la Zona. De fondo, el accidente de Chernóbil, el director de cine Andrej Tarkovski y los escritores Boris y Arcadi Strugatski, las referencias de esta serie que ya se puede considerar de culto. Hay muy pocos títulos como S.T.A.L.K.E.R, desgraciadamente. Mientras el mundillo de los videojuegos tiende hacia la imbecilidad galopante, supongo que como el mundo en general si nadie pone remedio, encontrarse con una compañía haga una apuesta tan arriesgada y logra vender cuatro millones de unidades entre todas las versiones, es algo ciertamente esperanzador. O lo era.

Con la desaparición de GSC Game World, se ha producido una de las mayores pérdidas en los videojuegos en los últimos años. Aunque todavía no hay una confirmación oficial al cien por cien, todo parece indicar que las posibilidades de que S.T.A.L.K.E.R 2 salga a la luz son más que remotas, por no decir imposibles. No se sabe muy bien cual ha sido el problema, pero no parece que sea una cuestión económica, ya que han vendido mucho y el propietario de GSC es una de las personas más ricas de Ucrania. Hay muchos rumores sobre las posibles causas, pero ninguna oficial. Mejor no hablar de lo que no se. Lo único cierto, desgraciadamente, es que perdemos una saga magnífica y probablemente irrepetible. Sólo nos queda agradecer a GSC todas las horas que nos ha proporcionado S.T.A.L.K.E.R. Nunca olvidaremos.

Stalker 2 cancelado