Opinión

El desarrollador independiente Luc Bernard, tal vez le recuerden de Mecho Wars, Reaper y SteamPirates, ha criticado duramente los juegos modernos de acción diciendo que son de mal gusto, centrándose en Wolfenstein: The New Order, del cual dice que es un insulto al Holocausto. “¿Lo has visto, verdad?, Creo que tiene robots nazis o algo parecido, eso es lo que llamaría de mal gusto”, dijo a Gamesbeat. “Diría que escupe sobre lo que ocurrió en la Segunda Guerra Mundial, está tomando lo que representan los nazis – genocidio en masa, la muerte de muchas personas- como si fuera un juguete, un juego. Es un insulto para el Holocausto”, añadió.

Wolfenstein

Luc Bernard está intentando financiar su propio juego, Imagination is The Ultimate Escape, un juego, según dice el propio Bernard, que trata sobre el Holocausto desde el punto de vista de un niño. Ha intentado encontrar un editor que estuviera interesado en que se publicara, algo que no consiguió, así que ahora lo intenta mediante la financiación colectiva. “Esto no encaja con los editores”, explicó. A lo mejor es coincidencia, o simplemente busca llamar la atención para que se hable de él y así consiga que más gente conozca su nuevo proyecto. Él sabrá.

Después de esto, es fácil imaginarse que los comentarios en Internet profundizan en el argumento ad hominem, un tipo de falacia típica de los que no saben argumentar. En este caso mí me da igual quien sea Luc Bernard, lo que haya hecho o lo que pretenda con sus declaraciones. Tampoco voy a valorar el nuevo Wolfenstein, ni a juzgar la idea de los robots nazis. Allá cada uno con sus gustos. Lo que me parece interesante es reflexionar sobre lo que dice el señor Bernard, es decir, si trivializar con los nazis es un insulto a la memoria de las víctimas del Holocausto, tanto si es en un videojuego como en cualquier otro medio.

Si todo lo que se hace sobre algún acontecimiento terrible del pasado puede ser un insulto a las víctimas de ese acontecimiento, ¿no estaremos limitando la creatividad de los autores a la hora de abordar determinado tema?. Cualquier acercamiento a lo que pasó en la Segunda guerra Mundial, o en cualquier otra guerra o hecho histórico terrible, tendrá que ser tratado con seriedad y respeto porque, si no, se convierte en una afrenta a lo que pasó. No puedo estar más en desacuerdo con esto, de un plumazo nos estamos cargando miles de obras que frivolizan con determinados temas, las cuales nunca tuvieron ninguna intención de ofender a víctimas de guerras u otros crímenes.

Y, en mi opinión, ese es el quiz de la cuestión; la intención. Si se hace una película, un libro o lo que sea con la intención de contar una historia, sea de la forma que sea, se podrá juzgar la calidad de esa obra, pero no decir que ofende a una víctima por el mero hecho de que esa historia no sea tratada de forma respetuosa, algo que, por otro lado, es un término un tanto ambiguo. Otra cosa es que la intención de ofender sea clara, entonces sí podríamos hablar de insulto o falta de respeto. ¿Pero por hacer un videojuego con robots zombies se está insultando al Holocausto?. Me parece ridículo.

Se ha impuesto una especie de obligación de ser políticamente correcto, de no decir o hacer nada que pueda resultar molesto a alguien, y es algo que me niego a aceptar. Aceptar, por obligación, ser políticamente correcto no es más que una forma sutil de aceptar la censura, o lo que es peor, la autocensura. Una forma de sumisión que ninguna sociedad debería consentir. No somos niños pequeños a los que hay que educar, cualquier persona medianamente sensata es capaz de entender que un juego de robots zombies no es ningún insulto a las víctimas del nazismo, porque el juego no tiene ninguna intención de insultar. Podrán convencerme de que es un argumento chorras, mediocre o lo que sea, pero no que se pretende insultar la memoria de los fallecidos en la Segunda Guerra Mundial.

Luc Bernard podría decir que La Vida de Brian, de Monty Python, es un insulto a los cristianos, por ejemplo, o que Dungeon Keeper es un insulto y un desprecio a los que han sufrido la tortura. Y no sería raro, Amnistía Internacional criticaba, precisamente, la banalización de la tortura en ese juego. Sí, se banaliza ¿y qué?. Odio la tortura, me parece algo abominable que hay que combatir, pero adoro Dungeon Keeper, me he muerto de risa varias veces con la irreverencia de La Vida de Brian y me he desternillado con los Carmageddon. Porque soy una persona normal que no va a ver nunca con buenos ojos ni el Holocausto, ni la tortura ni ninguna otra aberración por muchas obras aberrantes que pueda ver, leer o jugar. Pienso por mí mismo, y quiero seguir haciéndolo.

Nos hemos acostumbrado a que haya una especie de guardián que piense por nosotros, que nos diga lo que está bien o lo que esté mal, o que nos haga sentirnos mal porque nos hemos reído en alguna ocasión con el humor negro. Se han retirado anuncios que podrían considerarse ofensivos, a veces de manera ridícula, se nos ha hecho creer que disfrutar viendo a una mujer desnuda es machismo y sexismo y no se cuantos ismos, y creo que ya está bien de tanta majadería. Hay veces que son los propios autores los que se censuran por si algo puede resultar ofensivo, actuando de manera preventiva por miedo a sanciones o condenas a no publicar su obra. Y me parece terrible esto, más incluso que los propios comités censores.

La libertad de expresión implica, un gran ejercicio de tolerancia, en este caso tanto a la opinión de Luc Bernard como hacia los diseñadores de Wolfenstein. No a la opinión o a la obra en sí, sino al derecho que tienen de expresarse. Será que nos hemos vuelto tan sumamente gilipollas que necesitamos unas mentes pensantes que nos dirijan, no vaya a ser que pensemos demasiado y nos acabemos rebelando contra el sistema. Que no se preocupen por eso, tenemos tantos cacharritos para estar entretenidos, que no nos queda tiempo para la revolución. ¿No?.