Opinión

Alex

Decía Noam Chomsky en su libro "Cómo nos Venden la Moto", que el poder tiene mucho miedo a que la sociedad se organice, a que salga del pensamiento único y suponga una amenaza para el "stablishment". Fruto de ese miedo, el poder lleva muchos años utilizando todos los medios a su alcance para impedir que esa amenaza se lleve a cabo, y son muchos medios... casi todos. Con esos medios, puede elaborar campañas de propaganda que permitan cambiar la opinión de la población, como ocurrió en la Primera Guerra Mundial para que los estadounidenses apoyasen una guerra contra Alemania. O cómo EEUU puso toda la carne en el asador durante la Guerra Fría para convencer a su pueblo de que los comunistas eran la encarnación del mal maligno de la muerte, y la URSS dejaba a Mordor a la altura de la Granja de Pin y Pon.


Pero el poder no sólo utiliza la propaganda, también utiliza otras formas más sutiles de tener a la población controlada, como por ejemplo el entretenimiento. El famoso "pan y circo", que decían en Roma. Una sociedad entretenida, pendiente del fútbol, de una telenovela o de la última serie de éxito, es más proclive a dejar las cosas como están sin mover ni un dedo para que cambien. Otro ejemplo es el consumismo que llevamos tatuado en nuestro ADN, dando lugar a escenas tan absurdas como las de la gente haciendo cola durante la noche para poder entrar, lo antes posible, en una nueva Apple Store, o acudiendo en masa cuando Mediamarket anuncia un 25% de descuento en sus productos, poniendo en entredicho su famoso eslogan. Es el "soma" de nuestros días: ¿te sientes mal? Consume y verás como tu vida será mejor. Consume, antes de que te consumas.


Mención especial hay que hacer del papel de los medios de comunicación de masas, en poder del poder. Detrás de los grandes medios de comunicación hay grandes poderes financieros y empresariales. Los medios responden a esos intereses y se utilizan como otra herramienta más de control de las masas, para evitar que ese pensamiento único acabe siendo cuestionado, y si se cuestiona a pesar de todo, hacer ver que los que van en otra dirección no son más que rarezas, gente extraña a la que hay que evitar, o a la que hay que ridiculizar. Los medios también se encargan de vender la tontería, la incultura y la mediocridad como moda, como algo que mola. Porque la gente culta, inteligente y válida, es más difícil que pase por el aro sin preguntarse cosas. Los medios, y el poder en general, se dirigen a la población como si lo hicieran a niños analfabetos. Las grandes empresas de videojuegos, por ejemplo, nos toman por tontos, haciendo juegos en los que no haya nada que pueda dificultar nuestro avance en el mismo. Y contará con la complicidad de muchas personas que aplauden esas decisiones porque ya piensan demasiado en el trabajo como para tener que pensar al salir del mismo. Los que tengan trabajo, claro.


Estas cuestiones me vienen a la cabeza cuando me sorprendo de la poca capacidad de reacción de la mayoría de la gente en España ante la situación actual del país, propiciada por una ofensiva neoliberal que la escritora Naomi Klein denominó "Doctrina del Shock" en su libro del mismo título. España es diferente, y a esa doctrina se une nuestra propia cultura, la que permite que el corrupto viva tranquilamente aunque le pillen mientras que la gente decente pasa por grandes dificultades. Dramáticas en muchos casos. Tener que ver como una serie de ladrones campan a sus anchas mientras la población las pasa putas, indigna a la gente, pero a pesar de todo, no pasa nada. No hay una revuelta seria que de lugar a que esos ladrones tengan que salir por patas temiendo por sus vidas. Hay pequeñas victorias, sí, como la de Gamonal, pero hay una gente que sigue ensimismada en lo suyo sin preocuparse por lo que está pasando a su alrededor.


Me llama la atención ir con mi pareja a cenar y ver como gente joven que sale en pareja, o en un grupo de amigos, se pasan la mayor parte del tiempo mirando para la pantalla del móvil sin apenas hablar. Parejas que parece que acaban de empezar y en lugar de estar deseando lanzarse al desenfreno quitándose la ropa por debajo de la mesa, están como ausentes mirando cada uno su móvil como si el otro no existiera. Y cuando parece que el otro existe es para enseñarle algo supuestamente interesante que le acaban de enviar. Es alucinante. Más grave me parece lo que ocurre con la chavalada. Tengo dos hijos y el mayor tiene ya doce años. No tiene móvil porque nunca hemos visto la necesidad de que lo tuviera, ni él tampoco ha mostrado interés en tenerlo. Es el único de sus amigos que no lo tiene. Doce años, insisto, como sus amigos. A veces quedan juntos en un parque, o para ir a ver un partido de Hockey del Liceo o cualquier otra quedada. Y cuando vuelve y le pregunto que tal, me cuenta que se pasaron todo el rato sentados mientras sus amigos estaban enviando mensajes por el Whatspp. Me entristece profundamente. Es más, por no tener móvil se queda como "fuera de juego", cuando a esa edad tendrían que estar haciendo el mal muertos de risa y llegando a casa sudorosos y con la ropa medio rota. El otro día empezaba a mirar algunos móviles que tenemos en casa que ya no usamos. Empieza a tener tentaciones.


Siempre he defendido los videojuegos, y lo seguiré haciendo. Creo que los niños tienen que jugar con videojuegos, es bueno para ellos. Y para los adultos. Pero también salir y divertirse con sus amigos alejados de una pantalla. Si la relación con los demás se hace a través de una pantalla, se pierde algo importante. Y eso es bueno para el poder porque, si vivimos aislados, aunque estemos rodeados de gente, será mucho más difícil que nos organicemos para hacernos fuertes y poder hacer frente al poder. Orwell lo decía cuando hablaba de la Prole en "1984". Decía que nunca se sublevarían mientras tuvieran cosas con las que entretenerse. Mientras haya finales de copa no hay de qué preocuparse. Y me da rabia, y pena, que pueda tener razón. Da la sensación de que a pesar de todos los medios que tenemos a nuestro alcance para que podamos informarnos de lo que pasa, somos cada vez más individualistas. Einstein dijo: "Temo el día en que la tecnología sobrepase nuestra humanidad: el mundo sólo tendra una generación de idiotas".


Lo peor de todo es que, mientras hago estas reflexiones, las escribo para una web que, en cierta manera, contribuye al consumismo. Y todavía es peor porque espero con ganas el Oculus Rift, el que puede ser el primer dispositivo de realidad virtual que funcione perfectamente y nos haga sentir como si realmente estuviéramos dentro del juego al que estamos jugando. Y esta vez sin metáforas. El nivel de inmersión que se puede alcanzar con Oculus Rift es alucinante, tal y como nos ha contado nuestro compañero Shyz. Sólo pensar lo que puede suponer este dispositivo en Arma 3, en un simulador de vuelo, en iRacing, en Asseto Corsa o en un juego tipo Amnesia o, no nos engañemos, en el porno, se le hace a uno la boca agua. Cualquier juego que de soporte nativo para Oculus Rift, nos transportará virtualmente al interior del mismo. Las señales visuales que nuestros ojos enviarán al cerebro serán las del propio juego, sin interferencias externas. Maravilloso desde el punto de vista del entretenimiento. La cuestión es si eso podría tener otro tipo de implicaciones.


La escena de la película Wall-e en la que la raza humana superviviente es obesa, con las extremidades atrofiadas y son presuntamente felices sin moverse mientras tienen acceso a todo lo que quieran a través de una pantalla, podría ser profética. Sé que, por muchas gafas de VR que me ponga, seguiré participando en los movimientos sociales que participo desde hace años. Sé que la VR no va a impedir que salga a manifestarme, o de cañas con los amigos dejando el puto móvil en un cuarto plano. Y sé también que mucha gente hará lo mismo, o mejor. Lo que no tengo nada claro es lo que puede pasar a nivel social si dispositivos como Oculus Rift, Google Glasses o los que puedan venir en el futuro, acaban implantándose en la sociedad con tanto éxito como se han implantado los smartphones. Ningún cambio social se lleva a cabo sin contar con las capas más bajas de la sociedad. Habrá que preguntarse si será fácil convencer a esa parte de la sociedad mientras está metida de lleno en un mundo virtual ajeno a la realidad.


Matrix describía un mundo real en el que la humanidad estaba esclavizada por las máquinas, mientras que el mundo virtual era el que se transmitía directamente en el cerebro de cada persona para que no fuera consciente de la dura realidad. Es una película de ciencia ficción, no es más que entretenimiento. Pero viendo cómo nos acercamos a pasos de gigante a las condiciones laborales, y de vida, del gigante chino, empiezan a surgir dudas dentro de mi limitado cerebro. La parte positiva es que, como en Matrix, a pesar de todas las dificultades, siempre salen héroes que deciden luchar para que el futuro sea mejor. Y que por muchas distracciones que haya, siempre habrá gente dispuesta a luchar por los derechos de las personas. Sólo espero que Oculus Rift no nos aleje demasiado de la realidad, que no nos haga perder la olla más de lo que la tenemos ya y que elijamos la pastilla correcta.

¡Despierta!