Opinión

A estas alturas se puede decir, sin temor a pecar de ingenuidad, que el "crowfunding", o sea, la financiación colectiva (para cursis: micromecenazgo), ha llegado para quedarse, y es algo de lo que todos deberíamos alegrarnos, pero sin volvernos locos. Confieso que a mí me gusta especialmente esta nueva forma de conseguir financiación para nuevos proyectos, bien sean de videojuegos o de cualquier otra cosa. Me parece que puede cambiar muchas cosas en la sociedad, y no me refiero sólo a que podamos tener obras que no dependan exclusivamente de criterios comerciales, sino también a que se trata de una herramienta que podría llegar a cambiar la balanza de poder, actualmente en manos de los malos de verdad.

Broken Age

Antes de que apareciera esta nueva forma de financiación, difícilmente aplicable si no existiera Internet, o algo similar, la forma tradicional de conseguir dinero para un proyecto era ir al banco a ponerse de rodillas o a cuatro patas. También se podía acudir a otro tipo de inversores que confiaran en el proyecto, o en el que lo presentaba, y soltaran la pasta necesaria para ponerlo a funcionar, aunque, lógicamente, poniendo una serie de condiciones para poder recuperar la pasta invertida lo antes posible. Los bancos, sobre todo en este país, podrían dar dinero siempre y cuando hubiera un aval que garantizase el cobro de la deuda, mientras que si se tratara de un inversor, siempre habría cierto riesgo de que no recuperaran el total de la inversión. Precisamente por eso se ponen condiciones, para reducir al máximo ese riesgo.

 

Ya sé que la cosa se hace más compleja y que hay muchas variables, pero mi intención no es la de ponerme ahora a hablar de esa forma tradicional de financiarse, sino de lo que supone la aparición de la financiación colectiva. Y el principal cambio es que ahora, el que quiera conseguir dinero para un proyecto, no tiene que convencer a un banquero o a alguien con mucha pasta, o pagar intereses escandalosos por un crédito. Ahora tendrá que convencer a un grupo numeroso de gente, como tú y como yo, de que es un proyecto que merece la pena realizarse, y así entre las aportaciones económicas de todos los convencidos, se consiga la cantidad total necesaria para que el proyecto arranque. Y si se consigue más dinero del necesario, el equivalente al famoso "venga, toma cien mil más y así tienes el coche y el viaje a Cancún", no supone pagar más intereses ni mayor riesgo de perder todo lo que tienes.

El que recibe el dinero no asume casi ningún riesgo, a lo sumo, aguantar insultos en Internet, comn solución fácil si se cae el móvil al mar en una playa de Cancún. El que pone dinero, tampoco es que se arriesgue en exceso, lo máximo que puede perder es el dinero invertido, que suele ser una cantidad pequeña. Es una inversión que no te van a devolver, pero a cambio podrás tener un videojuego con algunos extras, acceso antes que nadie, un póster de Nadia Comaneci en Montreal 1976, un tricornio fuxia o salir en los créditos en en apartado de agradecimientos eternos. Es decir, nadie va a arruinarse, ni el autor ni los que financian, salvo que haya alguien que intente superar el récord mundial de canelón. Todos ganan, unos la posibilidad de llevar a cabo el proyecto, otros la posibilidad de poder disfrutarlo una vez terminado, y nadie pierde, salvo que el autor se vaya a Turkmenistán con la pasta y se dedique a enviar postales a los que lo apoyaron.

Para que esto se haga de manera organizada, hay varias plataformas que permiten esta forma de financiación, como son Kickstarter, la más conocida, o IndieGoGo, Peoplefund.it, Gambitious, Rockethub y unas cuantas más. Todas con sus pros y sus contras, y necesarias para hacer de puente entre los usuarios y el creador del proyecto con ciertas garantías. Insisto, nunca vas a recuperar la pasta si el proyecto sale mal, se cancela o es un timo. De ahí que la financiación colectiva se sustenta en la confianza que nos inspira tanto el proyecto como el autor, y también por esta razón las personas más conocidas tienen más opciones de tener éxito en la financiación. Esta es una de las pegas que tiene este sistema, ya que penaliza a la gente que empieza porque no son conocidas, a la vez que obliga a estas personas a esforzarse más en mostrar el proyecto, lo cual no es necesariamente malo, pero sí desequilibrado. La diferencia es que un peso pesado de los videojuegos podrá conseguir dinero sólo con una declaración de intenciones sin tener que mostrar algo del desarrollo. La fama le facilita mucho las cosas frente al programador desconocido.

Por decirlo de una manera simple, el creador del proyecto no tiene que prostituirse ante nadie que haga exigencias en el contenido de la obra, algo que, en el caso de los videojuegos, suele implicar idiotez o consolización, que es lo mismo. Y esto es bueno para todos los que queremos que sean los creadores de una obra los que decidan sobre su contenido. El autor simplemente anuncia su proyecto y el que tiene interés lo apoya. De un plumazo, se pueden saltar la nefasta influencia de determinadas editoras que siguen empeñadas en el agilipollamiento universalizado como única forma de recuperar la inversión. Imaginad que "Thief 4" se hiciera mediante este sistema y no tener que tragar con las paletadas fantasmas de Square Enix. Sería como un sueño cumplido. Lamentablemente, eso no va a pasar.

Y no sólo se trata de saltarse la influencia de las grandes editoras, sino también de prescindir de los bancos, quitándoles un importante trozo del pastel que suponen los créditos a nuevos proyectos. De hecho, la banca ve en la financiación colectiva una amenaza, y todo lo que sea una amenaza a la banca es necesariamente bueno para la sociedad. Quitar poder a la banca es una forma estupenda de mejorarla. Pensad que la financiación colectiva no sólo sirve para el arte, sino también para ingeniería, colectivos sociales y financiación de partidos políticos no-tradicionales. Si un partido político pudiera conseguir dinero sin los bancos, no tendría que devolver el favor si llegara al poder. También podría servir para financiar investigaciones en la rama de la ciencia o la medicina sin depender de farmacéuticas, por ejemplo, que son incluso peores que los bancos.

Centrándome los videojuegos, tengo que decir que gracias a Kickstarter se han desarrollado juegos magníficos que difícilmente podrían haberse hecho sin este sistema. No sólo videojuegos, no hay que olvidarse de Oculus Rift, un dispositivo de realidad virtual que puede cambiar completamente la manera en la que jugamos a videojuegos... y nos relacionamos con el mundo. Otros juegos que se están desarrollando ofrecen características que las editoras no verían con buenos ojos, como todo lo que ofrece "Star Citizen" con sus 38 millones de euros recaudados. El propio género de la simulación espacial está denostado por las editoras al no considerarlo rentable. O los juegos de rol en perspectiva isométrica con combates por turnos, que tendrán varios títulos este año. ¿Alguien es capaz de imaginar a EA haciendo algo parecido a "Torment 2"?. Quiero que se puedan realizar este tipo de juegos porque creo que hay mercado para ellos y que las editoras se equivocan. La financiación colectiva ha abierto este camino.

A pesar de los aspectos positivos de todo esto, no hay nada perfecto, y también hay otras cuestiones que pueden perjudicar tanto a la plataforma como al usuario. La confianza de la que hablaba antes, por ejemplo, puede volverse en contra de este sistema. Si la confianza de los usuarios en un proyecto se ve traicionada cuando vean el resultado final, puede dar lugar a que algunos de esos usuarios decidan no ayudar a financiar nada más. Si esto ocurriera con un proyecto tan ambicioso y que está generando tantas expectativas como "Star Citizen", el torpedo en la línea de flotación de toda la financiación colectiva sería tremendo, tal vez definitivo. De ahí que lleguemos a otro elemento que puede afectar negativamente a este proceso, el "hype", es decir, esperar, de manera exagerada, la salida de un juego porque creemos que va a ser lo mejor que nos ha pasado en años. Una cosa es que el "crowfunding" esté muy bien, otra muy diferente que haga milagros. Un videojuego no va a ser bueno sólo por financiarse a través de Kickstarter, como muchos parecen creer. Cuanto más esperas de algo, más grande puede ser la decepción. Y ojo que podría pasarle a "Star Citizen", ya que lo he mencionado.

Otra cosa llamativa de la financiación colectiva es el hecho de que hemos pasado de comprar videojuegos que salían al mercado, a pagar por poder jugar uno o dos años después de haber soltado la pasta. Ya no compras, apuestas. Eso no es culpa de Kickstarter y demás familia, es culpa de un mercado que se ha agilipollado hasta el infinito y ha dejado de lado a los títulos más alternativos, dicho en el sentido de que busquen un público más minoritario. Eso es lo que ha obligado a muchos desarrolladores a buscar fortuna mediante "crowfunding". No estaría mal que las principales empresas del sector cambiaran de actitud y se preocuparan también por mercados más reducidos, pero a la vez más fiel y colaborador. Hay empresas que lo hacen fenomenal, como Valve o CD Projekt Red, las cuales saben perfectamente a quien se dirigen, y no les va mal. Pero hay otras que no se enteran de nada, como EA, Activision y UBI Soft.

El tiempo dirá lo que puede suponer la financiación colectiva al mercado de videojuegos. De momento, a mí me ha dado títulos como Faster than Light, Expeditions Conquistador, Broken Age, Consortium, The Banner Saga y Takedown, que con los parches ya mola, además de acceso anticipado a Divinity Original Sin y Shroud of the Avatar. No está nada mal, y el futuro es incluso más prometedor. Si todo sucede de manera racional y la gente no se siente defraudada por los juegos que han ido apoyando, podemos volver a vivir una época en la que los creadores puedan desarrollar libremente su trabajo sin que un "pr manager" vaya a decirle que ponga jefes finales e indicaciones a cascoporro. Ojalá no se estropee, o lo estropeen.